Dos interrogantes interesantes sobre la CNV (I)

Mientras redactaba la última entrada para el blog, un amigo -a partir de ahora Félix-, leía el diario a mi lado. Con un ligero cambio en la dirección de su mirada hacia mi notebook manifestó su interés por mi trabajo. Entendiendo su curiosidad, le explico mi intención de divulgar la importancia de la Comunicación No Verbal en los procesos de comunicación, y que estoy describiendo algunas de las posiciones corporales que transmiten miedo y respeto hacia el entorno, para continuar con otras que nos permiten deducir el interés de nuestros interlocutores hacia un determinado asunto. Y todo esto explicado mediante el análisis de las similitudes de estas posturas con las que los niños adoptan durante la noche de “San Juan” mientras tiran petardos.

 Félix se endereza y adelanta su postura en la silla (muestra interés); confirma la similitud de las posturas corporales que adopta un niño a la hora de encender un petardo y un colaborador cuando muestra interés en un tema abordado en una reunión, pero también afirma que esta resulta fácilmente manejable quizás no por un niño, pero sí por el adulto que asiste a una reunión y que sabe que está siendo observado.

 Este acertado comentario nos presenta dos de los interrogantes más interesantes a los que se enfrenta el análisis de la CNV en estos días:

  • ¿Cuáles son los gestos que realmente denotan la información que nuestro cuerpo y mente sienten, pero que intentamos controlar al actuar de una forma políticamente correcta?
  • ¿Por qué otorgamos tan poco valor a la retroalimentación comunicativa en los procesos de comunicación?

 Tanto Félix como yo estábamos de acuerdo que en la mayoría de las reuniones de trabajo todos nosotros, de una manera u otra, modificamos nuestros impulsos; pero también es cierto que ser políticamente correcto exige un esfuerzo que debe mantenerse durante mucho tiempo. Un esfuerzo que no evita que de vez en cuando algún gesto nos delate. Podremos controlar los movimientos de nuestro torso pero, cuando un tema nos atrae, ser capaz de evitar la ligera inclinación de la cabeza hacia delante resulta mucho más complicado. Un gesto que también es fácilmente observable.

 Por tanto, si nuestro interlocutor desea engañarnos con su actitud corporal, el esfuerzo que deberá realizar para dar coherencia a toda su comunicación será tal, que en gran parte de las ocasiones encontraremos algún detalle que nos delate esa incoherencia entre su lenguaje verbal y no verbal. Sin olvidar que, como informábamos en una entrada anterior, para dar veracidad a la información obtenida mediante la CNV, debemos obtener tres señales no verbales procedentes de más de un sistema de información no verbal con la misma información.

En cualquier caso, hoy en día el análisis de la comunicación de determinados interlocutores exige un mayor esfuerzo para obtener una correcta interpretación de su CNV; pero con PACIENCIA y TRABAJO iremos explicando aquellos detalles que nos ayuden a conocer el nivel de aceptación y comprensión de nuestro entorno sobre nuestros mensajes.

 En esta misma línea, y a finales de septiembre de 2011, aparece “La comunicación sin palabras”, una obra de divulgación sobre la CNV que incide en el segundo interrogante que planteábamos: ¿Por qué otorgamos tan poco valor a la retroalimentación  en los procesos de comunicación?

 Retomando la conversación con Félix, hubo un momento en el que nos centramos en las sensaciones que tenía durante sus reuniones. Coincidimos al afirmar que cada interlocutor reacciona de forma específica en función de su carácter y realidad puntual, generando percepciones diferentes en el resto del grupo en cada reunión. Aceptamos que cada uno de los integrantes de una reunión generan sensaciones diferentes y que muchas veces por intuición, y de forma inconsciente, nos damos cuenta de que algunos de nuestros colaboradores no han captado correctamente el mensaje o de que, incluso captándolo de una forma correcta no están de acuerdo con los contenidos o estrategias presentadas.

 En ese momento, más que hablarle de las utilidades de la CNV, que podría parecer lo adecuado, le pregunté por cuál era su actitud cuando percibía este tipo de sensaciones. Hay gente que es muy poco empática a la hora de analizar los resultados funcionales de sus reuniones y no las perciben.

La respuesta fue sincera y directa, pero no por ello menos desalentadora. A pesar de ser consciente de las diferentes reacciones de su entorno y de que su intención es comunicar correctamente sus ideas a su equipo de trabajo, cuando percibe este tipo de sensaciones las ignora y continúa con su guión hasta finalizar la reunión.

 Está claro que todos hemos percibido alguna vez que un colaborador no está comprendiendo nuestro mensaje, no está atento, o simplemente no está de acuerdo con nuestras afirmaciones. Estas sensaciones son muy habituales. Por desgracia, ignorarlas también es una actitud muy común.

Continuará…

 Antonio Herranz

Psicólogo Social

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