Una española en Bogotá (2)

 Con esta entrega finalizamos el relato de la experiencia de una española en su viaje al otro lado del atlántico.  La narración de las primeras cinco semanas de estancia, y el inicio de nuevas relciones personales y profesionales son muy esclarecedores. Esperamos que os resulte tan interesante como a nosotros.

Mi tercera semana

 Bogotá: lunes 31/10/2011 – Halloween. Llegó el día tan esperado en el centro. Todo decorado y todos disfrazados. Hoy se transgreden todas las barreras y, el ambiente festivo, hace que no haya jerarquías. Es más, sin darme cuenta me he convertido en “la atracción” (por ser la nueva y extranjera, no por otra cosa). Todo el mundo se quiere hacer fotos conmigo, creo que mi nombre es el más pronunciado por todos. Voy de grupo en grupo haciéndome fotos con ellos y bueno, aunque no cesan en su actividad, están todos pendientes de cómo me muevo. Hoy sí que me siento observada aunque, eso sí, con mucha educación y respeto. Como me tengo que ir de viaje, me bajan hasta la maleta al taxi. Lo dicho, integrada integrada no me siento, pero ahora si que soy conocida por toda la Plataforma.

 Bucaramanga: llego, dejo la maleta en el hotel y me marcho al centro ya que, aunque tarde, me estaban esperando para ir a tomar algo y después cenar. Como al día siguiente es festivo, no hay prisa. Está allí también Ilias, el responsable del centro de Bogotá ya que está realizando un curso hasta el jueves. Los responsables del centro me pidieron que fuera y así compartíamos las horas en las que ellos no están de curso y yo no trabajo para compartir opiniones.

Al día siguiente, festivo, nos vienen a buscar al hotel, nos vamos a conocer la ciudad y a tomar unas cervezas y a comer.

Miércoles voy al centro a trabajar en mi horario habitual y, como la otra vez, a parte de solicitar ayuda a nivel laboral, tanto en el desayuno como en el almuerzo, vienen a buscarme y cuentas conmigo para que les acompañe a comer.

 Tanto en Bogotá como en Bucaramanga me siento más o menos integrada; se nota la diferencia de carácter y, aunque todos son serviciales, debido a que Bogotá es una gran urbe, aquí cada uno tiene sus quehaceres y es más difícil poder hacer algo conjuntamente.

En Bucaramanga la gente está más en la calle, hay mucho más movimiento y enseguida te incluyen en sus actividades.

 La cuarta semana.

 Tras mi regreso de Bucaramanga, concierto nuevo viaje para volver en 15 días me han insistido (casi exigido) que comparta con ellos, no solo momentos laborales. Así que les indico que volveré para estar con ellos, incluido un fin de semana. Me pasan “programa” para el fin de semana.

 Pero, todo cambia a mi regreso a Bogotá, debido a las modificaciones de estructuras en la empresa, se modifica mi cometido profesional, me designan responsable único del centro de Bogotá exclusivamente. Con lo cual, me veo obligada a cancelar el viaje.

 Cuando lo comunico en Bucaramanga, todos me invitan a ir cuando quiera, sin compromiso ninguno. La verdad, y así se lo digo, agradezco lo bien que se han portado y lo a gusto que me han hecho sentir.

 A nivel laboral perfecto, lo necesitaba pero, a nivel relacional pues es aquello de que, ahora que me sentía plenamente integrada en Bucaramanga, pues tengo que dejar de ir.

 En Bogotá, cuesta más pero, percibo que poco a poco van contando más con mi presencia en el centro, me van integrando en sus círculos de conversaciones, incluso si no estoy, me han llegado a venir a buscar.

Lo de compartir desayuno o comida, por el tema horario es casi realmente imposible así que, me limito a salir y, si me encuentro con alguien (no tienen horario fijo establecido y van saliendo en función de la actividad), pues compartimos el tiempo pero, nada estipulado. Bueno, también es una manera de estar con todos.

 Durante esta última semana ha habido un cambio radical en Bogotá. Todos, absolutamente todos se interesan por si salgo, si lo hago sola o acompañada. Cuando les digo que sola, automáticamente se ofrecen para llevarme por la ciudad a comprar, a pasear, a conocer y, sobre todo, me “obligan” a decirles cuando quiero salir para acompañarme.

 Lo que sí es verdad es que la mayoría del centro son hombres y, eso de salir con una mujer es como muy violento. Por eso, creo, que hasta que no ha pasado este tiempo (casi más de un mes) no se han atrevido a proponer nada.

Mañana he quedado en ultimar detalles para programar el fin de semana.

 Lo dicho, han sido 5 semanas pero, ahora si que puedo decir que me siento integrada en el centro de Bogotá participando, ya no solo en temas laborales, si no que empiezan a contar conmigo para compartir ocio.

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