Una vez pasadas las fiestas de navidad…un clásico no verbal (y II)

En ocasiones, fruto de la confianza, de la situación o simplemente del consumo de alcohol propio de la navidad u otras fiestas, son fácilmente observables las siguientes conductas no verbales entre interlocutores:

  • los troncos de las personas se adelantan sobre las mesas.
  • la distancia corporal entre interlocutores se reduce y la velocidad de gesticulación de los brazos aumenta.
  • el contacto ocular directo se reduce, y hablamos con la otra parte pero sin mirarle directamente.
  • desprecio, y la actitud facial se vuelve seria.

Todas estas conductas nos permiten detectar cuando uno de los participantes en este tipo de reuniones o celebraciones esta aumentado su nivel de tensión emocional; ¡vamos, que se está enfadando!

 mail.google.comA pesar de observar y confirmar todo este conjunto de síntomas claramente detectables, cuando a posteriori se pregunta a los afectados sobre el momento y la situación, ellos nos explicaran que estamos equivocados y que no estaban enfadados sino simplemente contrariados porque la otra parte no les entendía y no había forma de hacerle comprender su posición; añadiendo incluso alguna información sobre la cabezonería y tozudez del interlocutor aludido.

 Este tipo de situaciones de conflicto entre dos personas, bien sea de una forma inconsciente o consciente, son muy frecuentes y también lo son las respuestas que se producen en los interlocutores que detectan este tipo de actitudes agresivas. Ante una escalada verbal, el sujeto “atacado” en primer lugar deja de prestar atención a los contenidos y argumentos racionales y, posteriormente, entra de lleno en la interpretación emocional. Un tipo de interpretación totalmente subjetiva y pocas veces favorable en los procesos de comunicación. La vehemencia en la argumentación no suele ser buena consejera.

 Este cambio de plano interpretativo de una de las partes genera una actitud corporal, caracterizada por una cierta pasividad inicial y una cara inexpresiva. Este tipo de conducta no verbal por desgracia retroalimenta positivamente las posturas agresivas, ya que al no encontrar este tipo de actitud una respuesta similar, se produce un aumento de la primera conducta para obtener esa respuesta esperada en un bucle difícil de resolver.

 Ser consciente de este tipo de situaciones cuando les pasa a los demás es fácil, pero cuando somos nosotros quienes debemos realizar este ejercicio de autocontrol para evitar estos momentos de conflicto, el nivel de dificultad aumenta.

 El primer paso para resolver este tipo de escaladas verbales es ser conscientes que se producen de una forma rápida, en cualquier momento y situación; y cuando más convencidos estamos sobre un tema, más ofensivo resulta que nuestro interlocutor no comparta y comprenda nuestra posición y en consecuencia más agresiva es nuestra conducta. Esta “aparente” ofensa es la chispa que genera la puesta en marcha de nuestra escalada verbal en la conversación, una escalada verbal que en la mayoría de las ocasiones no tienen un feliz desenlace.

 Si este tipo de situaciones son capaces de condicionar todo el proceso comunicativo, resulta como mínimo comprensible que le dediquemos un tiempo para abordarlas y superarlas de una forma adecuada.

¿Qué mecanismos podemos poner en marcha para evitar que este tipo de actitudes no verbales condicionen la percepción de nuestro mensaje y en muchas ocasiones nos conduzcan hacia situaciones de las que más de una vez nos hemos arrepentido con posterioridad?

 En primer lugar, cuando nos encontremos inmersos ante este tipo de situaciones debemos realizar tres acciones no verbales:

  1. Tirar nuestro torso hacia atrás (ya verán como resulta complicado).
  2. Mantener un tono verbal tranquilo
  3. Establecer una nueva estrategia comunicativa que le permita desglosar su afirmación genérica inicial en una serie de afirmaciones previas, que permitan localizar cual es el punto o aspecto clave en el que se producen las diferencias interpretativas.

En cualquier caso y como somos conscientes de la dificultad de darse cuenta que uno está dentro de estos procesos, debemos estar muy atentos ante argumentos que se inicien con frases como:

  • A mi me parece que …
  • Yo creía que …
  • Estaba seguro que …
  • Nuestros padres siempre nos habían dicho que …
  • Etc…

 Este tipo de subjetividad es difícil de rebatir y suele conducirnos a escaladas verbales complicadas de solucionar ante la ausencia de pruebas objetivas que puedan confirmar la veracidad de los argumentos de alguna de las partes. Por esta razón aconsejamos que si han iniciado una de estas escaladas verbales y confirman que algunas de las partes pone sobre la mesa este tipo de argumentos, es mejor reiterarse de una forma preventiva antes que entrar en el fragor de una batalla lingüística que difícilmente tendrá un vencedor real y probablemente generara dos situaciones perdedoras.

 Antoni Herranz

Psicólogo Social

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