Un detalle de la comunicación verbal apenas perceptible

16/11/2012

Hace unos días cenábamos en casa de unos amigos. Los postres dieron paso a la sobremesa, tiempo y espacio para hablar de todo y de nada; pero en esta ocasión nuestro anfitrión, un suizo muy del F.C. Barcelona,  nos explicó uno de los detalles que más impacto le causó cuando inició su estancia en España. No fue ninguna de las costumbres culinarias, ni el clima, ni el uso constante del tuteo en las relaciones interpersonales, sino un aspecto verbal apenas perceptible, pero que tras reiterarse una y otra vez  acabó descubriendo.

Este detalle se producía tanto en las reuniones con amigos como en las comidas familiares que se celebraban en casa de su mujer; e incluso y muy habitualmente en el mundo profesional. Una situación que en su país era un error del todo inexcusable y que aquí pasaba aparentemente desapercibido:  “La falta de educación a la hora de pedir las cosas”.

Nuestro interlocutor no entendía como casi todo el mundo era capaz, en uno u otro momento, de pedir las cosas sin añadir un sencillo “por favor” al final de la frase, o un “gracias” para agradecer estas acciones. Según él, en Suiza no es del todo inexcusable no pedir por favor ni dar las gracias; pero se interpreta como una falta de atención hacia las demás personas. Este tipo de carencia en los contenidos verbales añade un carácter impositivo y desagradable a muchas de las situaciones habituales que se producen de forma habitual en casi todos los ámbitos de las relaciones sociales.

Después de consultar con su entorno más cercano, se informó de que ese tipo de cortesía era un poco antiguo, y de que la familiaridad y cercanía de las relaciones actuales había acabado engullendo y anulando esas acciones de conveniencia, por otorgarles un valor antiguo y encorsetado a las conversaciones.

¿ ESTÁ USTED DE ACUERDO CON ESTE TIPO DE EXPLICACIÓN?

Aun hoy en día y aceptando este tipo de explicación para la falta de un “por favor” a la hora de solicitar las cosas, nuestro amigo sigue sin comprender por qué cuando alguien responde de forma positiva a una demanda de acción, como respuesta no se genera de forma automática algún tipo de agradecimiento final. Un simple gracias después de que alguien te haya pasado la sal, te deje pasar al salir del ascensor, te aguante una puerta o te entregue un informe. A pesar de sus más de 10 años de residencia en nuestro país continua sin acostumbrarse a este “nuevo” hábito social.

¿SE PREOCUPA USTED POR AGRADECER “SIEMPRE” A SUS INTERLOCUTORES SUS ACCIONES?

En nuestras rutinas funcionales nuestro superior o nuestros compañeros de trabajo nos piden las cosas por favor o simplemente las piden y ya está, o nos agradecen de forma explícita cuando cumplimos alguna de sus ordenes funcionales. ¿Notamos las diferencias cuando nos piden las cosas educadamente y nos las agradecen una vez realizadas a pesar de parecer una costumbre antigua?

Este detalle de la comunicación verbal cotidiana me conduce a una sencilla reflexión que es aplicable al mundo familiar, y sobre todo al profesional. Quizás este tipo de situación se haya convertido en habitual, por las razones que sea, pero podemos cambiarla; porque sinceramente creo que aunque pueda parecer una forma de proceder caduca y encorsetada, hay valores y formas que no deberíamos dejar pasar de moda nunca.

Pedir por favor las cosas y agradecerlas una vez que éstas se realizan es un acto sencillo y muy efectivo a la hora de generar una imagen de eficiencia y profesionalidad en nuestro entorno. ¿Lo intentamos?

Antonio Herranz

Psicólogo Social

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El contacto visual reduce la hostilidad personal

01/10/2012

 

A mayor contacto ocular menor disponibilidad a generar hostilidad.

Hoy en día cuando hablamos de grandes centros de producción, además de cadenas de montaje, grandes hornos, etc., a nuestra mente llegan imágenes de  “call center’s” (CC’s) . Unos centros de trabajo donde muchas personas interaccionan con otras a través del teléfono. Todos hemos recibido en distintas ocasiones alguna llamada de estos centros, e incluso muchos de nosotros hemos trabajado en alguno, ¿verdad?

Una de las quejas mas habituales de las personas que trabajan en estos centros de trabajo es la agresividad y la hostilidad de muchas de las personas que les llaman o atienden al teléfono.

Independientemente de las razones que puedan provocar esta hostilidad, uno es conocedor de que el mundo comercial esta repleto de acciones que facilitan o frenan los procesos de venta; pero incluso en los procesos de puerta fría,  las reacciones de hostilidad no son tan exageradas como las que en algunos momentos se producen en lo CC’s.

En el numero de septiembre de la revista “Scientific American Mind” aparece un artículo del  Dr. Noam Lapidot-Lefler que, junto a su equipo de colaboradores de la Universidad de Haifa en Israel, han analizado la evolución de la hostilidad en una relación entre dos personas en función de la cantidad de contacto ocular que mantenían durante esta relación. Como se confirma en este estudio, a mayor contacto ocular menor disponibilidad a generar hostilidad entre las partes.

Este estudio vuelve a confirmar los resultados del experimento realizado por Stanley Milgram, en 1963 y descrito en el artículo “Estudio del comportamiento de la obediencia”. Donde se demostraba la capacidad de la gran mayoría de personas para infringir dolor físico a otra persona de una forma relativamente rápida cuando no se tenía contacto físico u ocular con la persona a la que se le infringía el dolor o castigo.[1]

El Trabajo del Dr. Noam Lapidot-Lefler y su equipo confirma la importancia y la necesidad de establecer un contacto ocular adecuado con nuestros interlocutores lo mas rápidamente posible y de forma continuada, pero sin llegar a los extremos que puedan permitir malinterpretar nuestro interés. Estos extremos son culturales y también deberían ser valorados, pero en cualquier caso mire a la gente a la cara y establezca contacto ocular.  Esta sencilla acción reduce la posible hostilidad de nuestros interlocutores y además facilita una mejor consecución de nuestros objetivos, bien sean comerciales o simplemente relacionales.

Esta información ha recibido recientemente una reseña en http://www.lavanguardia.com titulada, ¿Por qué los comentarios son tan hostiles en internet?[2]

Antonio Herranz

Psicólogo Social

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[1] http://enciclopedia.us.es/index.php/Experimento_de_Milgram


Los JJOO de Londres 2012 y la comunicación no verbal (I)

01/08/2012

Detalles no verbales de la Ceremonia Inaugural

El pasado viernes 27 de julio del 2012 tuvo lugar la ceremonia inaugural de los trigésimos juegos olímpicos en Londres; un evento que va más allá de una simple  retransmisión deportiva. En él la organización se juega gran parte de su prestigio, razón de más para controlar todo hasta el más mínimo detalle; incluso el de la comunicación no verbal (CNV).

En primer lugar nos gustaría destacar aquellos aspectos de la CNV que se utilizaron durante la ceremonia. Unos de los momentos más difíciles de controlar es el desfile de todas las delegaciones participantes en las olimpiadas. La emoción, las cámaras… el especial momento hace que cada persona se transforme y no recuerde que el ritmo como en muchas otras ocasiones lo es todo. La forma que tuvo la organización de controlar esta situación fue muy fácil y simple, y se fundamentó en un  sencillo mecanismo de CNV. ¡Un clásico!

En las acciones formativas que imparto destaco la importancia de la CNV relatando una práctica fácil de confirmar en la vida real. Cuando dos personas se encuentran de pie y establecen una conversación prolongada la figura dominante se acaba imponiendo; y sólo observando hacia donde se desplazan las personas podremos decidir quien de ellas ostenta esa posición de dominancia.

Está más que confirmado que nuestro cuerpo no acepta la cercanía física de otra persona, a no ser que tengamos con ella algún vinculo que supere la simple interacción social. Conociendo este resorte vital que todos los seres humanos tenemos activado de forma innata, la organización lo utilizó para corregir los desfases temporales de las diferentes delegaciones durante el desfile. Por ejemplo, con las delegaciones española y de los Estados Unidos, cuando detectaba que alguno de estos dos  países estaba fuera de tiempo,  daba una orden. Entonces, el grupo alineado de percusionistas que acompañaba con sus tambores al ritmo de la música de la ceremonia salía de su posición; y con un movimiento acompasado y en diagonal se colocaba detrás de los deportistas, que sólo percibían una tensión que provocaba de forma natural que agilizaran el paso. Si el retraso era considerable, la  línea de tambores seguía a los deportistas hasta que recuperaban el “timing” correcto de la ceremonia. Los deportistas permanecían contentos porque nadie les tensiona de forma objetiva, y la organización aún más.

En segundo lugar quiero destacar un pequeño matiz. Seguro que habrán visto a la reina Isabel de Inglaterra en el momento de declarar iniciados los juegos. Si pueden observar la secuencia completa descubrirán que sus tiempos de reacción son lentos, propios de su edad, pero aceptables. Sin embargo, el semblante extremadamente serio de la reina durante su corta alocución la dotó de un aire de tristeza y distancia que quizá las culturas del norte de Europa puedan aceptar, pero que las culturas mediterráneas aún reciben de forma poco agradable. En las ocasiones importantes y cuando nuestra audiencia es multicultural, la sonrisa es un elemento que no debemos dejar de lado porque es universalmente aceptado. En esta ocasión la reina lo olvidó.

Seguro que alguno de vosotros observará más detalles no verbales durante las distintas retransmisiones deportivas. Espero vuestras aportaciones y comentarios

Antonio Herranz Sotoca

Psicólogo Social


“La Gioconda” o “La Mona Lisa” de Leonardo da Vinci y la Comunicación No Verbal.

11/06/2012

Las claves de la comunicación no verbal se popularizan cada día más, y todos somos conscientes de valorar la información que este tipo de comunicación pone a nuestro alcance. Con la intención de aportar una nueva visión no verbal sobre un asunto clásico y sobre el que la mayoría de nosotros hemos reflexionado alguna vez, la pregunta que nos hacemos es: ¿cuál es la clave de que la obra de “La Gioconda o La Mona Lisa” de Leonardo da Vinci sea tan enigmática? 

Propuestas que hayan intentado aportar luz para resolver los  enigmas que rodean a esta obra de arte son varias. El primer enigma sobre el que se conocen distintas propuestas, es aquel que se refiere a la identidad de la modelo del cuadro.  Según estudios históricos, la tesis más votada es que esta mujer era esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo (de ahí lo de “La Gioconda”), cuyo nombre era Lisa Gherardini. Otras hipótesis apuntan a que se trataba de una cortesana, o una modelo irreal imaginada por el artista. Incluso, se ha llegado a decir que se trataba del propio Leonardo[1].

Otro interrogante se plantea cuando se intenta descubrir cuál es el estado de ánimo que se esconde tras esa misteriosa y desconcertante sonrisa de “La Mona Lisa”.  Según la publicación británica New Scientist y en base a los estudios de la Universidad de Amsterdan la sonrisa de la Mona Lisa está compuesta por los siguientes porcentajes de emociones[2] que aparecen en el grafico inferior.

El estudio está basado en el análisis de la expresión por un programa informático (diseñado por la Universidad de Illinois) que evalúa emociones interpretando los gestos de la cara

Pero, ¿por qué la sonrisa de “La Gioconda” es enigmática?.  Se dice que Leonardo la pintó consiguiendo un efecto, por el cual si miras directamente la sonrisa ésta desaparece; y sólo reaparece cuando se observa cualquier otra parte del cuadro. Desde nuestro punto de vista esta es la verdadera clave que otorga ese aspecto enigmático al cuadro.

Para poder explicarlo debemos recordar que ” las diferencias entre una sonrisa verdadera y espontánea y una falsa son sutiles movimientos difíciles de reconocer ya que no están relacionados con los elementos que intervienen directamente en una sonrisa natural -los labios o las mejillas-, sino que se producen en el frontal ocular, el espacio que hay entre las pestañas y las cejas. Cuando la sonrisa es auténtica, este espacio se reduce y se hace más estrecho. Si la sonrisa es falsa este espacio permanece inalterado, no sincronizado, formando parte de otra expresión y siendo el reflejo de que lo que se pretende mostrar no es en realidad lo que se siente. En otras palabras, cuando la sonrisa real viene acompañada de arrugas faciales, oculares y subida de pómulos, es la manifestación de que se está experimentando una sensación de alegría y una aceptación del mensaje”.

Si observan por separado el frontal ocular y los labios de la Gioconda, apreciarán como la información que reciben es diferente. Esta disonancia entre la información que recibimos del frontal ocular y los labios podría ser la explicación que justifique porqué este retrato ha generado tanta admiración, sorpresa y atracción.

Mire fijamente cada una de las imágenes y piense qué emoción le sugieren por separado; si no son coincidentes ya sabe porqué a Ud. también le parece un cuadro con enigma.

Un saludo.

Antonio Herranz Sotoca.

Psicólogo Social.



El triángulo profesional y el triángulo social

16/04/2012

En Comunicación no Verbal hablamos del triángulo profesional cuando nos referimos a la zona delimitada por los extremos exteriores de la franja ocular y el centro superior del perfil frontal de nuestro interlocutor. Cuando hablamos de la zona delimitada por los extremos de los pómulos y el centro de la barbilla nos estamos refiriendo al triángulo social.

 Existen varios estudios que confirman que el triángulo profesional es el centro de la mayoría de nuestras miradas cuando nuestros intercambios de información están relacionados con el ámbito profesional. Cuando nuestras intenciones se centran en aspectos sociales nuestro foco ocular se desplaza hacia el triángulo social.

Comprender y ser conscientes de hacia donde dirigimos nuestra mirada es un elemento  a tener en cuenta para ayudarnos a comprender las percepciones que este tipo de estímulos generan en nuestros interlocutores. En este caso la diferencia en el foco de nuestra mirada, que puede parecer menor en distancia, es capaz de generar una gran diferencia en las sensaciones que transmitimos.

 Las implicaciones y aplicaciones de hacia donde dirigimos nuestro foco de atención visual son muy amplias y a continuación recogeremos un par de ellas:

  • En cualquier acto público, bien sea una acción comercial o divulgativa , nuestra mirada deberá dirigirse prioritariamente hacia el triángulo profesional. Dirigir la mirada en este tipo de actos hacia el triángulo social es una herramienta más del dinamizador para generar cambios de ritmo dentro de la sesión, facilitando que la atención de nuestro auditorio se mantenga dentro de unos niveles adecuados, igual que un cambio de diapositiva, una anécdota, etc.
  • Cuando tenemos que planificar una intervención ante los medios de comunicación audiovisuales, la mirada siempre debe proyectarse hacia la parte superior de la cámara. De esta forma se facilitará que todos los televidentes la perciban como una mirada profesional. Pero si en nuestra intervención debemos seducir o convencer a nuestro auditorio, sería aconsejable ir cambiando este foco de la mirada e ir alternando el triángulo social con el profesional. De esta forma potenciamos la capacidad de establecer vínculos emocionales.

 Una vez más recordamos que este tipo de consejos, sobre comunicaciones no verbales, deben ser utilizados para facilitar la comprensión de nuestros mensajes e intenciones por parte de nuestros interlocutores.

 Aprovechamos esta entrada en el blog para presentar nuestra última colaboración en prensa escrita sobre la Comunicación No verbal, basada en los gestos de personajes públicos.

 http://www.vanitatis.com/noticias/2012/04/01/la-princesa-letizia-esperanza-aguirre-soraya-saenz-de-santamaria-por-sus-gestos-las-conoceras-18200/

 Un saludo

Desde la Alcarria…

Antonio Herranz

Psicólogo Social.


Una española en Bogotá (2)

05/03/2012

 Con esta entrega finalizamos el relato de la experiencia de una española en su viaje al otro lado del atlántico.  La narración de las primeras cinco semanas de estancia, y el inicio de nuevas relciones personales y profesionales son muy esclarecedores. Esperamos que os resulte tan interesante como a nosotros.

Mi tercera semana

 Bogotá: lunes 31/10/2011 – Halloween. Llegó el día tan esperado en el centro. Todo decorado y todos disfrazados. Hoy se transgreden todas las barreras y, el ambiente festivo, hace que no haya jerarquías. Es más, sin darme cuenta me he convertido en “la atracción” (por ser la nueva y extranjera, no por otra cosa). Todo el mundo se quiere hacer fotos conmigo, creo que mi nombre es el más pronunciado por todos. Voy de grupo en grupo haciéndome fotos con ellos y bueno, aunque no cesan en su actividad, están todos pendientes de cómo me muevo. Hoy sí que me siento observada aunque, eso sí, con mucha educación y respeto. Como me tengo que ir de viaje, me bajan hasta la maleta al taxi. Lo dicho, integrada integrada no me siento, pero ahora si que soy conocida por toda la Plataforma.

 Bucaramanga: llego, dejo la maleta en el hotel y me marcho al centro ya que, aunque tarde, me estaban esperando para ir a tomar algo y después cenar. Como al día siguiente es festivo, no hay prisa. Está allí también Ilias, el responsable del centro de Bogotá ya que está realizando un curso hasta el jueves. Los responsables del centro me pidieron que fuera y así compartíamos las horas en las que ellos no están de curso y yo no trabajo para compartir opiniones.

Al día siguiente, festivo, nos vienen a buscar al hotel, nos vamos a conocer la ciudad y a tomar unas cervezas y a comer.

Miércoles voy al centro a trabajar en mi horario habitual y, como la otra vez, a parte de solicitar ayuda a nivel laboral, tanto en el desayuno como en el almuerzo, vienen a buscarme y cuentas conmigo para que les acompañe a comer.

 Tanto en Bogotá como en Bucaramanga me siento más o menos integrada; se nota la diferencia de carácter y, aunque todos son serviciales, debido a que Bogotá es una gran urbe, aquí cada uno tiene sus quehaceres y es más difícil poder hacer algo conjuntamente.

En Bucaramanga la gente está más en la calle, hay mucho más movimiento y enseguida te incluyen en sus actividades.

 La cuarta semana.

 Tras mi regreso de Bucaramanga, concierto nuevo viaje para volver en 15 días me han insistido (casi exigido) que comparta con ellos, no solo momentos laborales. Así que les indico que volveré para estar con ellos, incluido un fin de semana. Me pasan “programa” para el fin de semana.

 Pero, todo cambia a mi regreso a Bogotá, debido a las modificaciones de estructuras en la empresa, se modifica mi cometido profesional, me designan responsable único del centro de Bogotá exclusivamente. Con lo cual, me veo obligada a cancelar el viaje.

 Cuando lo comunico en Bucaramanga, todos me invitan a ir cuando quiera, sin compromiso ninguno. La verdad, y así se lo digo, agradezco lo bien que se han portado y lo a gusto que me han hecho sentir.

 A nivel laboral perfecto, lo necesitaba pero, a nivel relacional pues es aquello de que, ahora que me sentía plenamente integrada en Bucaramanga, pues tengo que dejar de ir.

 En Bogotá, cuesta más pero, percibo que poco a poco van contando más con mi presencia en el centro, me van integrando en sus círculos de conversaciones, incluso si no estoy, me han llegado a venir a buscar.

Lo de compartir desayuno o comida, por el tema horario es casi realmente imposible así que, me limito a salir y, si me encuentro con alguien (no tienen horario fijo establecido y van saliendo en función de la actividad), pues compartimos el tiempo pero, nada estipulado. Bueno, también es una manera de estar con todos.

 Durante esta última semana ha habido un cambio radical en Bogotá. Todos, absolutamente todos se interesan por si salgo, si lo hago sola o acompañada. Cuando les digo que sola, automáticamente se ofrecen para llevarme por la ciudad a comprar, a pasear, a conocer y, sobre todo, me “obligan” a decirles cuando quiero salir para acompañarme.

 Lo que sí es verdad es que la mayoría del centro son hombres y, eso de salir con una mujer es como muy violento. Por eso, creo, que hasta que no ha pasado este tiempo (casi más de un mes) no se han atrevido a proponer nada.

Mañana he quedado en ultimar detalles para programar el fin de semana.

 Lo dicho, han sido 5 semanas pero, ahora si que puedo decir que me siento integrada en el centro de Bogotá participando, ya no solo en temas laborales, si no que empiezan a contar conmigo para compartir ocio.


Una española en Bogotá

21/02/2012

Continuando con la divulgación de las experiencias personales iniciadas con las cartas de nuestro ingeniero en Alemania, relatamos ahora las de una española en Bogotá.  Igual que en aquella ocasión, y por su extensión, vamos a hacerlo en dos entradas y la relatora es la propia protagonista.

Primera semana

El día 8 de octubre vuelo hacia Colombia después de un primer contacto durante el mes de agosto. Fueron 3 días que me permitieron conocer a las personas y al equipo con quien iba a colaborar en esta nueva etapa laboral.

Aterricé en Bogotá el mismo día 8 por la tarde y, tras la recepción en el aeropuerto (me estaba esperando un chófer enviado desde el apartamento donde me iba a alojar), me dispuse a instalarme. El domingo ya había quedado con el responsable del centro de Bogotá donde trabajaré a partir del lunes. Estuvimos dando una vuelta por los alrededores de mi alojamiento. Recorrimos las calles cercanas, fuimos al supermercado para que lo ubicara y después nos fuimos a comer. Pagaron ellos ya que, aunque insistí, decidieron que era para darme la bienvenida y que no me iban a dejar pagar. Fuimos a tomar café, como no, a una cafetería de la franquicia Juan Valdez. Ahí si que pagué yo y aproveché para darles un pequeño detalle que les había traído: un par de “blisters” de jamón que pensé les haría gracia; y así fue.

Nos despedimos, pero antes concretamos el horario de mi primera semana de trabajo para adaptarme al suyo.

Mi primer día de trabajo.

A la hora concertada estaba el coche en la puerta porque antes de viajar ya lo había concretado con la empresa de transporte que les realiza las rutas (esta ciudad es enorme y, para asegurar que el personal pueda estar en el centro de trabajo, tienen contratada una empresa de transporte para que cubran las distintas rutas). El primer día y mientras me configuraban el puesto de trabajo (mesa, ordenador, teléfono, etc…), lo pasé saludando a las personas conocidas con antelación, volviendo a recorrer el centro. Debido a que no voy a poder utilizar mí ubicación definitiva,  puesto que aún está ocupada por una persona, me sitúe en la sala de juntas. El resto del día pasa entre reuniones con los responsables donde todos se interesan por mi viaje y cómo me va, dónde estoy viviendo y consejos para conocer la ciudad. Durante el resto de la semana todo transcurre igual; yo en mi pecera y asistiendo a las reuniones agendadas y a las actividades programadas.

Casi todos los responsables pasan a hablar conmigo en algún momento de la jornada para interesarse cómo voy, si estoy bien. Eso sí, en ningún momento comentan el tema ni de desayuno ni de comida. A lo largo de estos primeros días, como realizo jornada intensiva y todos con los que coincido están de turno partido, tampoco coincidimos en ningún momento para poder compartir un tiempo distinto al estrictamente laboral. Al finalizar la semana, antes de iniciar una de las reuniones programadas, una de las supervisoras me pregunta que, normalmente, dónde como. Le explico que durante esta semana en el apartamento puesto que hago jornada intensiva. Aprovecho para preguntarle donde comen ellas habitualmente y me dicen que salen a comer por los alrededores y que, cuando haga turno partido lo comentemos para ir con ellas.

Mi Segunda semana

Inicio la segunda semana ya con turno partido, y entro sola. Y no coincido con el responsable porque él realiza un horario muy indeterminado y yo necesito empezar a establecer pautas para poder coordinar las reuniones de mi área y las del centro. Empezamos igual, todo el mundo pasa por mi “despacho”(como han empezado a llamarle) para preguntarme por el fin de semana, como estoy, etc… pero, vistas sus costumbres, este “interés” es por educación.

Lo que sí es cierto es que son extremadamente educados; todos se saludan con todos -los chicos con los chicos se dan la mano y con las chicas besos tanto cuando inician su jornada laboral como al finalizarse y despedirse hasta el día siguiente- pero, como digo, es una costumbre cultural que conmigo no hacen. Sobre los desayunos y comidas seguimos igual: sola, aunque debido a varios temas personales de las Supervisoras. El jueves o viernes algunos me han preguntado que dónde iba a desayunar y a interesarse por el horario en el que iba.

Durante esta semana han empezado a preparar el concurso de disfraces de Halloween. El concurso es a nivel de edificio, cada planta decora y se disfraza de un tema elegido por ellos mismos. Después, un jurado evalúa cada planta y hay tres premios económicos para los ganadores. La actividad de la preparación se intensifica durante la semana y, aunque en un principio comentábamos el tema, seguía siendo como algo muy doméstico de ellos; pero, a partir del miércoles empiezan a comentármelo directamente. El tema elegido por mi planta es La Prisión y todos deben disfrazarse cumpliendo esa temática. Una de las actividades que están realizando es confeccionar unos carteles con la cara de cada uno con la leyenda “Se Busca” pero, en vez de poner el nombre cada uno se pone un alias. Y es a partir de ahí cuando han empezado a incluirme. Primero informándome de los “motes” que se están poniendo cada uno; y el miércoles de forma muy “sui géneris” preguntaron qué mote me ponían a mi. Les indiqué que el que quisieran; que yo no tenía problemas, quedándome al final como “la visitante”.

Durante la próxima semana ya hemos acordado que ultimaremos los detalles. Eso sí, también me informan que han decidido que forme parte del jurado junto con la estructura (así llaman aquí a los jefes hasta supervisores). Aunque aun falta mucho, empiezo a notar más cercanía por parte de los supervisores. Incluso a nivel laboral empiezan a pedirme muchos más consejos, como cuál es mi visión, y compartimos encuentros mucho más distendidos.