La corporalidad de la sonrisa

19/07/2010

En alguna de las entradas de este blog ya hemos destacado la necesidad de establecer contactos positivos con nuestros interlocutores. Este tipo de actitud favorece las relaciones sociales y profesionales exitosas y mejora la imagen que transmitimos de nosotros mismos a nuestro entorno.

Sólo por estos factores ya sería conveniente fomentar el optimismo en nuestra forma de afrontar la realidad de nuestro día a día pero, después de los estudios que  presentaremos a continuación  se entenderá mucho mejor que adoptar posturas positivas en nuestras forma de actuar modifica, tanto la imagen que transmitimos de nosotros mismos hacia el exterior como nuestra forma de percibir el mundo.

Uno de los experimentos que abordó esta temática fue realizado en una universidad americana seleccionando dos grupos de personas homogéneas que debían visionar el mismo programa de televisión. Cada uno de ellos recibió una orden diferente.  A los integrantes del primer grupo se les solicitó que mientras miraban el programa debían sonreír. A los miembros del segundo se les pidió  justo lo contrariao. Las personas debían fruncir el ceño mientras miraban el programa.

Los resultados nos admiten dudas de forma estadística.  Las percepciones positivas sobre el programa fueron mucho mayores en el primer grupo que en el segundo. Las personas que sonreían percibieron con mejor predisposición los estímulos exteriores que aquellos que los percibían con actitudes físicas negativas.

En la comunidad científica , rápidamente,  se alzaron voces en contra de los resultados obtenidos en este experimento al no tener en cuenta la importancia del estado mental que debían mantener los participantes al realizar las acciones de sonreír y fruncir el ceño. Según ellos era la actitud mental y no la postura física la causante de las diferencias establecidas entre ambos grupos.

Con el tiempo, y para evitar cualquier posible factor externo que condicionara o sesgara los resultados, se realizó un experimento similar con unas condiciones de aplicación parecidas. En esta ocasión la única diferencia que existió entre los grupos fue que, uno de ellos debía visionar un programa con un bolígrafo entre los dientes con la intención de obligarles a mantener una postura física similar a la sonrisa, mientras que el otro visionaria el programa libremente.

Sorprendentemente las personas que mordían el bolígrafo durante el visionado del programa valoraron el programa de televisión con una mejor puntuación que el grupo placebo en el que no debían morder nada con la boca. Estas diferencias fueron testadas estadísticamente y las diferencias demostraron que no se debían al azar sino al elemento diferenciador de los dos grupos: la posición física.

En consecuencia, no hace falta tener una sensación de alegría o emoción positiva si el cuerpo adopta posturas constructivas . Éste tipo de posición nos predispone de una forma eficaz a la hora de percibir mejor los estímulos que llegan de nuestro entorno.

El consejo respecto a nuestra actitud conocidos estos estudios resulta, una vez más, obvio…

Antonio Herranz

Psicólogo  social